lunes, 27 de julio de 2015

Homenaje a Augusto Monterroso en la FILGUA

Si Augusto Monterroso hubiera sido parte del boom latinoamericano tendría en Lo demás es silencio, probablemente la novela más original de este fenómeno literario y editorial surgido en América Latina en los años 60 y 70 del siglo pasado, comentó el escritor mexicano Álvaro Uribe, durante el diálogo Homenaje a Augusto Monterroso, organizado como parte del programa de actividades de México como País Invitado de honor de la Feria Internacional del Libro en Guatemala FILGUA 2015.
En la charla compartida con el escritor guatemalteco Javier Payeras, que se presentó como parte del ciclo "Homenaje al Exilio", en las instalaciones de FILGUA, el viernes 24 de julio a las 18:00 horas, Álvaro Uribe señaló que Lo demás es silencio  es una obra que revoluciona la idea misma de la novela, pues  en muchos sentidos la deshace y, sin que se considere una novela breve, ya que tiene unas 200 páginas, Monterroso pasa por ser apóstol de la brevedad, como si enseñara y obligara a la gente a escribir poco.
Monterroso, añadió Uribe, “era un gran maestro, porque no quería que escribiéramos como él, uno no iba al taller de Monterroso a aprender a hacer dinosaurios que estaban ahí cuando uno despertó, uno iba a aprender a hacer lo que uno sabía hacer y Monterroso era gran maestro en ese sentido”.
Soy y seré discípulo de Augusto Monterroso hasta que muera, aseguró Álvaro Uribe, quien explicó que haber trabajado con el autor guatemalteco exiliado en México le dejó una impresión que perdurará toda su vida.
Era una de las plumas más sarcásticas de la lengua española, incluso cuando estaba de buen humor y en la intimidad podía decir cosas atroces de gente muy querida. Él era un buen hombre era esencialmente un hombre bueno y sin embargo, de repente, de esa bondad salían unos latigazos que lo dejaban a uno cicatrizado el resto de su vida, sostuvo.
El escritor mexicano recordó que fue gracias a una carta que Luis Herrera de la Fuente le envió a Monterroso como pudo conocerlo, alrededor de los 22 años, cuando estudiaba ya filosofía y tenía la firme intención de escribir.
“El mejor maestro de todos, sobre todo en literatura, es aquel que le deja al discípulo la última palabra y ese fue el aprendizaje de un año completo con Monterroso y de ahí en adelante nos veíamos de vez en cuando, sin embargo nuestra conversación era apenas directa, apenas encaminada a hablar de literatura.
“Nunca pude superar este excesivo respeto que yo le tenía al maestro, y él tampoco pudo superar su timidez; me hubiera gustado decir que fuimos amigos, pero no llegamos a eso, creo que por culpa mía, porque cuando se admira a alguien es muy complicado. Creo que mi amistad con Monterroso empezó el día de su muerte, porque ahora sí le hablo de tú tranquilamente, ya me dirijo a él, ya platico”, agregó.
Por su parte, Javier Payeras calificó al autor, merecedor del Premio Xavier Villaurrutia 1975 y del Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2000, como una de las mayores influencias en su vida. “Me han calcado fuertemente su brevedad, su falta de solemnidad, su discusión acerca de la melancolía ideológica. Monterroso menciona a Guatemala en sus diarios, en sus relatos, en todo, sin embargo es un hombre que esta fuera de Guatemala, está en México y de alguna manera México es para él una especie de limbo”, dijo Payeras.
El escritor guatemalteco reveló que aunque no conoció a profundidad a Monterroso, en 1999, durante las celebraciones por los centenarios de Jorge Luis Borges y Miguel Ángel Asturias, llevó al escritor al lugar donde se hospedaba y le regaló 11 relatos breves que leyó durante el trayecto, en reciprocidad Monterroso pidió a Payeras esperarlo y le entregó un ejemplar de Movimiento perpetuo.
 Cuando llegó a su domicilio, en la madrugada, le dijo entusiasmado a su esposa: “conocí a Augusto Monterroso, me dio su libro”. Ella lo abrió y le dijo: “te escribió algo: ‘Para el escritor Javier Payeras con admiración: Augusto Monterroso’. Desde entonces nunca dejé de escribir un solo día en mi vida”, concluyó.
El homenaje formó parte de las actividades organizadas por la Dirección General de Publicaciones del Conaculta, para la participación de México como País Invitado de Honor de la FILGUA 2015.





(Fotografía y texto: CONACULTA)

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